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Trastornos del control de los Impulsos

La característica esencial de los trastornos del control de los impulsos es la dificultad para resistir un deseo, una tentación o necesidad que termina en un comportamiento o acto que resulta perjudicial para la propia persona o para los demás. En este tipo de trastorno, la persona percibe una tensión o activación interior antes de cometer el acto, gran malestar emocional y pugna interna con el fin de controlar su pulsión, aunque finalmente, acaba sucumbiendo. Tras la realización del acto, la persona puede experimentar culpa, auto-reproches o reconocimiento de su trastorno o por el contrario, utilizar mecanismos de defensa que justifiquen su comportamiento. En este apartado abordamos:

El trastorno explosivo intermitente

Caracterizado por crisis explosivas de ira en el que la persona pierde el control de sus actos y ejecuta comportamientos agresivos, tanto físicos (pegar, arrojar material, destrucción de enseres…), como verbales (insultos, amenazas, gritos…). Las reacciones aparecen de forma brusca, exagerada y asimétricas en relación a las situaciones o contextos donde se producen.

Cleptomanía, Ludopatía y Adicción a Sustancias

La adicción a sustancias (alcohol, tabaco, cocaína, marihuana…) o a actos compulsivos (comprar, robar, jugar…) tienen en común una fase previa a la comisión del acto denominada “craving”. El craving es el deseo irresistible o pulsión interna que experimenta la persona por entrar en contacto con lo deseado. El control en la fase de craving es indispensable para poder tratar los comportamientos anteriormente referidos, redirigiendo la pulsión interna hacia comportamientos funcionales.

Trastornos alimentarios

Aunque actualmente los TCA no se consideran trastornos del control de los impulsos, la línea transdiagnóstica en investigación apunta a que presentan síntomas coincidentes. En el caso concreto de la bulimia o del trastorno de atracones, la incapacidad que presenta la persona para controlar el ansia por la comida, es similar al que siente una persona que no puede controlar su ira o el consumo de ciertas sustancias psicotrópicas, activando interpretaciones y conductas denominadas “del todo o nada” y que empeoran los ciclos de decisión y de control del sujeto.

Adicción a las nuevas tecnologías y redes sociales

El uso de las nuevas tecnologías como un “fin” y no como un “medio”, ha derivado en el abuso y dependencia, de gran parte de la sociedad occidental, a las redes sociales, internet y los videojuegos con finalidad esencialmente edónica. En este sentido, las personas que realizan un uso excesivo de las nuevas tecnologías, generan una afición patológica que merma sus facultades de consciencia, razonamiento y autocontrol y restringe su libertad y la amplitud de intereses. La persona ciberdependiente no es consciente de esta dependencia y termina aislándose de sus amigos y familiares, reduciendo su capacidad comunicativa y desarrollando un perfil egocéntrico, centrado en sus necesidades más inmediatas.

Factores de riesgo

Hay factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad a desarrollar adicción a las nuevas tecnologías: la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración, labilidad emocional, la búsqueda de emociones fuertes, timidez excesiva, alexitimia y la baja autoestima. Otras causas de tipo psicosocial son: el escaso apoyo familiar, problemas en las habilidades sociales, problemas de rendimiento académico o labora y estresores sociales como la pérdida del empleo, separación o divorcio y problemas económicos, entre otros.

Prevalencia actual

La prevalencia actual sobre el uso, abuso y dependencia de internet, redes sociales y videojuegos, sitúa el porcentaje de población española afectada en torno a un 20%, cifra que refleja la “normalización” de un uso inadecuado de este tipo de recursos. La OMS alerta de este problema, con un aumento exponencial en los últimos cinco años y ya reconoce, en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 11, 2016), el “trastorno por videojuego” como una enfermedad mental.

Tratamientos TBEC para el trastorno del control de los impulsos:

Terapia Cognitivo-Comportamental, Terapia Interpersonal, Entrenamiento en Relajación, Entrenamiento en resolución de problemas, Control Estimular,  Entrenamiento en exposición y prevención de respuesta, Terapia Dialéctica Comportamental y Programa Stepps adaptado.

Trastornos Comórdidos

La autoestima puede definirse como la valoración que hacemos de nosotros mismos como persona, y suele formarse en base a tanto lo que nos decimos sobre nosotros mismos como lo que nos dicen las personas con quien interactuamos.

La depresión se puede describir como el hecho de sentirse triste, melancólico, infeliz, abatido o derrumbado. La mayoría de nosotros se siente de esta manera de vez en cuando durante períodos cortos​

Tendemos a subestimar las pequeñas dificultades que vamos encontrando en nuestra relación de pareja, entiendo que son cosas sin importancia o pasajeras. Los problemas, con el tiempo, se acrecientan y llegamos a situaciones límite en las que las discusiones, la distancia emocional o la falta de interés y empatía acaban convirtiéndose en situaciones que acaban normalizándose en la convivencia diaria.

La familia es una unidad fundamental en nuestro desarrollo y crecimiento personal. En ella encontramos las bases de la seguridad y la autoestima.